La casa de Orlando está vacía


La saquearon varias veces. La espectral 365 antigua Nueve Puertas se asemeja a un edificio en precario proceso de remodelación y del que no se tiene ningún aviso. En enero del 2020, motivados por la necesidad de hacer algo con lo poco que quedó disponible se llevó a cabo el Movimiento Uno. Jóvenes artistas cercanos a Orlando ocuparon el lugar durante dos semanas. Esta acción estuvo a cargo del colectivo Movimiento.do y sirvió para presentar pinturas, esculturas, dibujos, recitales de poesía, performances y un concierto musical. Además hicieron visitas comentadas, una noche de presentación de cortos y un conversatorio que llamaron Encuentro Generacional y en donde artistas de todas las edades compartieron sus vivencias sin protocolos ni burocracias. La actividad fue un éxito cultural y no monetario, por lo tanto pasó sin ningún interés por la prensa local pese a que conocidos columnistas e historiadores del arte visitaron la muestra.


Colocando a un lado la excepcionalidad de Movimiento Uno, todo lo demás ha sido una cadena de infortunios que vistos desde lejos no dejan de inquietarme. Es increíble que la fracasada 29va. Bienal Nacional de Artes Visuales se promueva como dedicada a Orlando. Ahora que las voces se manifiestan para señalar la corrupción en la gestión de los fondos públicos, nadie refiere que la No-Bienal fue primero la última deposición hecha a Orlando. A los saqueos de su casa, de sus obras y sus archivos le siguió el saqueo de su nombre. Este último por parte del Ministro de Cultura de República Dominicana y en conjunto con esto, se multiplica la gran frustración de una comunidad de artistas cansados de creer.

Hace cuatro semanas Orlando realizó un video performance como un acto de peregrinación. Sin renunciar al contenido político de su obra, me inclino a pensar que su acción fue en primer lugar una experiencia de purgación personal. Si el Ministerio de Cultura y todos los miembros del comité organizador de la bienal pusieron una cruz muy pesada sobre las espaldas de Orlando dedicando el infamante fracaso a su nombre, él les ha respondido con la elegancia de su trabajo. Y aunque es posible que este texto no sea del agrado de Orlando porque dice cosas difíciles, quizás contribuya a honrar sus esfuerzos por todas las veces que de manera desprendida apoya a muchos jóvenes haciendo lo que no hace el Ministerio: abrir las puertas de su casa.  

Todos estos hechos y las multidimensionales facetas de los artistas tendrían que ser sometidos a análisis por los historiadores y críticos de arte dominicanos. Pero si las personas cuya misión es velar por los bienes culturales están practicando su oficio en colusión con las corruptelas del poder, entonces sus escritos jamás tendrán la voz de la denuncia. La omisión intencional de las responsabilidades es la habitual operación crítica de los críticos de arte dominicanos. El borrón como operación retórica distorsiona la credibilidad de sus registros porque muy frecuentemente deja fuera todo lo que compromete intereses personales. Merecemos mejores gestores culturales ya! Hemos fallado al no emplazar con fuerza a los servidores públicos a cumplir con su trabajo y en sentido general promover una cultura de la adulación de figuras por miedo a perder simpatías o conveniencia de ventas.

Pero más hemos perdido por no decir lo que tiene que decirse. Por lo tanto, hago aquí algunos apuntes muy necesarios:


I. Enero 2020. A pesar de haber sido una celebración de cierta trascendencia y de llevarse a cabo en la casa de Orlando, el Movimiento Uno no contó con el favor de ninguna mención. Antes bien, y hasta donde sabemos, causó malestar por peligrar intereses privados. El lógica de pensamiento era que Orlando no debió auto-restarse valor a sí mismo asociando su nombre al de un evento de «jóvenes sin trayectoria», que era en realidad un comentario motivado por el miedo a que sus obras en colecciones privadas perdieran valor. Estos son los mismos dueños de galerías que pagan a los columnistas.

República Dominicana. Protestas sociales, pandemia, campaña política…


II. Cuando finalmente el miércoles 3 de junio 2020 se llevó a cabo un conversatorio a cargo del Museo Fernando Peña Defilló sobre el fracaso de la Bienal y en donde la directora del Museo de Arte Moderno, María Elena Ditrén brilló por su ausencia, la representación del Estado pasó ineludiblemente a la persona de Marianne de Tolentino, quien es además la única cara visible de los ocho miembros que constituyen el Comité Organizador de la Bienal. Al ser cuestionada durante el conversatorio sobre los responsables del fracaso de la Bienal dijo que no podía dar nombres. Y esto es cierto porque quienes saben mejor los nombres responsables son los cheques que pagan de forma ininterrumpida las negligencias de una gestión. Pagos que cuando llegan a beneficiar a los artistas lo hacen no como el estímulo dado a tiempo para estimular una labor creativa sino como la coronación final de una ofensa. 

Se intensifican las indagaciones sobre la bienal. El cambio de gobierno es eminente.

III. El día 5 de Junio aparece publicada la carta de Leonardo «La Bienal que espero». El 16 de Julio se publicó en prensa nacional la Carta Abierta a la Sociedad Dominicana. Por otra parte, y casi al mismo tiempo, el 20 de Julio se presentó en Acento TV el documental «Silvano Lora: laboratorio artístico popular». En su participación, de Tolentino aprovechó la oportunidad para hablar sobre la obra de Silvano y empezar a desligarse de responsabilidades diciendo que a juzgar por la naturaleza contestataria de la obra de Silvano no dudaría que él habría respondido al status quo de la bienal pospuesta (desde 2015) con la celebración de una nueva Bienal Marginal (1992-2002)


IV. En la publicación de un artículo en el periódico Hoy de fecha 25 de Julio, titulado «Silvano Lora como nadie» de Tolentino cerraba haciendo un nuevo movimiento evasivo: «Por cierto, ¿quién sabe si Silvano Lora no hubiera celebrado… hasta dos Bienales Marginales en 2017 y 2019, como un hecho artístico popular y una manera de protestar por la posposición indefinida de la Bienal Nacional?» 
Desde 2002 a esta parte es mucho lo que ha llovido pero poco lo que se ha hecho, desde el Estado y el sector privado que se beneficia de esas negligencias, para proponer políticas culturales que defiendan el valor de lo público y contribuyan a la desatomización y descentralización de las iniciativas culturales en República Dominicana. Antes bien, la mediocridad ha pasado a ser el discurso hegemónico.

La obra de Silvano, que a cada oportunidad se la usa de comodín para encajar los discursos más obtusos, tendría que citarse por su real valor y no utilizarse inapropiadamente para recriminar a las nuevas generaciones de artistas el no haber hecho ellos mismos su versión de bienal. Pues aún siendo así, en nada respondería la pregunta de cómo y quiénes han robado los bienes del pueblo. La Bienal Marginal fue lo que fue, una acción artística y un experimento cultural que emplazó al poder político con una respuesta valiente. En 2020 ese proyecto tiene las formas de un colectivo de artistas haciendo de tripas corazón, como fue el caso del Movimiento Uno; y en otra escala, a una comunidad que responsablemente se unió para denunciar actos de corrupción administrativa en la forma de una carta que aún no han tenido la sensatez de responder responsablemente.


Finalmente. El presente año ha sido particularmente difícil para el sector cultural en República Dominicana, pero también hemos visto una sociedad dispuesta a defender sus derechos. Y aún con tantas cosas que quedan por hacer y decir, y todo el talento que se pone de manifiesto sin ningún respaldado institucional, en este 2020 ya no hay espacio para que se ofenda nuestra inteligencia. ¿Qué pueden hacer nuestros analistas y críticos de arte, y cómo podemos responder sus comentarios desacertados? Podemos hacerles una gentil pero firme invitación a: 

Admitir el fracaso del Comité organizador de la 29va Bienal Nacional de Artes Visuales. 

Reconocer la falta de integridad en la gestión cultural desde el Estado.  

Revisar los enfoques de la maltrecha agenda cultural.

Proponer y motivar acciones de restitución para los artistas agraviados. 

Renunciar a los placeres del favor político.

Hacer eco de las denuncias justas que hacen las comunidades de artistas. 

Evitar convertir su escritura en LA institución del arte.  

Cuestionar con sus artículos los usos y abusos del poder. 

Defender el valor de lo público emplazando los intereses privados. 

Abrazar una gestión cultural pedagógica y plural.

Subrogar la visión colonial.

Apoyar las distintas manifestaciones culturales y no solo aquellas que les gustan, entienden o les dan algún beneficio.

Incentivar de una vez por todas el relevo generacional cediendo espacios a la juventud de la isla. Este último punto, el mayor favor de todos.

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