La Mala Educación

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I.

Parece una tozudez continuar escribiendo sobre Chavón en medio de tantas situaciones que demandan atención urgente. Y al mismo tiempo, resulta irrisorio desear transformación sin empezar primero por la casa. Chavón no es mi casa, pero es la de muchos de mis amigos con quienes puedo conversar en voz franca sobre las múltiples incongruencias de una institución hecha de dobleces y poca transparencia. Si consideramos que la democracia funciona mejor cuando los ciudadanos asumen con responsabilidad sus deberes cívicos, entonces pensar en los contextos educativos como el primer espacio para el sano ejercicio de la democracia ayuda a poner en una mejor perspectiva el objetivo principal de estas conversaciones que vamos teniendo a lo largo de los diferentes artículos. Quienes leen hacen bien en dudar. Justamente mi invitación es a dudar juntos acerca de la autenticidad del discurso oficial de Chavón La Escuela de Diseño contraponiéndolo con el día a día dentro de la escuela.

Los problemas de la institución son estructurales. Empiezan desde arriba y se van reproduciendo en las distintas estancias como lo haría un cáncer. Si usted llama a la Escuela a su campus Santo Domingo un viernes cualquiera a las 10 de la mañana le sorprenderá saber que muchos de su altos directivos no estarán allí cumpliendo la tarea de honrar sus salarios. Piensan que el cargo es nominativo, y que faltar a las obligaciones según el clima y el estado de ánimo es una ley no escrita. En una entrada anterior decíamos que nos chocaba comprender cómo una escuela así tenía el valor de declarar públicamente que “el diseño transforma a la sociedad”, si los cambios que necesitamos como sociedad son justamente la corrección de estos comportamientos perfumados por la micro-corrupción y los autoritarismos en donde no faltan los pequeños subalternos. Chavón es una institución que no educa para la democracia y eso en 2019 es simplemente grave.  La enfermedad lleva ya treinta y seis años. Los primeros síntomas fueron las improvisaciones. Hoy estamos presenciando un franco deterioro de la calidad en la gestión de la escuela y por ende, de sus resultados.

Las escuelas son negocios en donde la calidad de la enseñanza debería primar sobre los intereses pecuniarios. Pero en los últimos años, la gestión de Chavón ha favorecido una serie de prácticas que hablan más de una ambición desmedida por el gigantismo y el ganar dinero que por garantizar niveles de excelencia. Para nadie es un secreto que estas formas salvajes de monetizar explican el descenso del estándar educativo a través de la creación cursos y talleres al vapor. Si podemos identificar éxitos en algunas experiencias que ocurren en Chavón tenemos que necesariamente atribuírselas al empeño de un reducido grupo de profesores y empleados que se toman su labor muy en serio pese a que no son retribuidos justamente por lo que han hecho durante tantos años de forma voluntaria y desprendida. Son pocos pero están ahí, lidiando frecuentemente con una serie de arrebatos y desconsideraciones que hacen que el clima dentro de la escuela sea más cercana a un campo de batalla. Chavón es una escuela atrincherada. Sus enemigos están detrás de sus paredes escudándose unos a otros y cada uno sacando su propia tajada del pastel. Los menos favorecidos son los estudiantes quienes también son los clientes y cuya inmadurez no les deja reaccionar a tiempo y exigir sus derechos de consumidor. Chavón opera un poco a sus anchas porque no tiene competencia, pero en un calendario necesitamos empezar a marcar la cuenta regresiva del momento de un quiebre definitivo. Deseamos que para bien.

En este artículo quiero concentrarme en el caso que mejor conozco por haber sido el programa que realicé. Se trata de Bellas Artes Chavón, una escuela cuyas contradicciones tienen nombre y apellido.

II.

Nombre: ____________________

Apellido: ____________________

En Chavón campus La Romana hay un armario en el aula 5, fabricado con madera muy ordinaria, material de muchos nudos y escaso valor. Tiene una altura considerable. Arrinconado contra la pared, permanece cerrado con llave conteniendo casi nada. Vacío por dentro, falto de viveza por fuera. Sobre el tal existe una prohibición que sobrepasa su tosca corpulencia. Básicamente movidos por el miedo y no por la razón, los estudiantes tienen terminantemente prohibido colocar cosas encima de él. Sobre ese mueble voy a colocar hoy algunas palabras sabiendo que frente a la apatía respecto a tantos comportamientos feroces solo nos queda recurrir al buen juicio.

III.

Ramsés, un nombre ficticio para proteger su identidad, fue un estudiante de Chavón. Como muchos, llegó a Altos después de agotar el programa de la Escuela Nacional de Artes Visuales en Santo Domingo con la esperanza de hallar validación en el mercado local. A Ramsés le sobra el talento y tiene espíritu noble. Sus manos son prodigiosas y sus obras son impecables, lo mismo que cuando hace dibujos, esculturas o grabados. Como contraste frente a tanta riqueza, sus orígenes son pobres y venir a Chavón significó una serie de sacrificios.

Muchas veces se subestima la gran perseverancia que tiene la juventud dominicana para sobreponerse a la sistematización de la pobreza. El caso es tal que para poder cubrir sus gastos Ramsés no solo hacía sus asignaciones sino que ahogado por las deudas impuestas realizaba después de las suyas, las tareas de otros a cambio de algo de dinero para comer y cubrir gastos. Nada grave si se tiene en cuenta que a la escuela no le importa el fraude porque el fraude es parte de la institución. Son innumerables las historias de estudiantes ricos favoritos del profesor que claramente encargaban sus trabajos y como premio recibían buenas notas porque el profesor quería escalar o hacerse curador. Me refiero al tiempo en donde aparece frecuentemente en la prensa.

Las otras salidas ampulosas después del fraude, son el microtráfico y la prostitución. A este punto el lector querrá alarmarse, pero en 2019 prostituirse no es difícil, menos dentro de un complejo turístico donde la prostitución se ha institucionalizado y lo mismo hacerlo por dinero, por cosas materiales, o quizás por tener buenas calificaciones.

¿Cómo acaba la historia de Ramsés? Como es costumbre en la Escuela de Bellas Artes, las clases fácilmente se ven interrumpidas para exigir públicamente a los deudores el pago inmediato de los pagos pendientes. A veces tienen que reunirse con el director de la carrera, quien como veremos más adelante, forma parte por acción u omisión de una serie de acciones que estimulan la inoperancia dentro del lugar.

Llegado el tiempo de su graduación Ramsés no podía titularse debido a la deuda pendiente. Los dibujos de Ramsés que el profesor mismo le había pedido que dejara colgados en el aula habían desaparecido semanas atrás. No estaban en el aula contigua, ni en la galería, ni en los almacenes. Nadie decía nada y tampoco había mucho que investigar. Era el año 2018. Los dibujos suyos aparecieron justo a tiempo. Pocos días antes de la graduación un compañero pasó la voz tras haber visto las obras de Ramsés enmarcadas en la sala de un coleccionista privado, y había tomado fotos como evidencia. La escuela misma había robado sus dibujos y los había vendido sin darle participación o aviso. Estas fotos de obras encontradas por azar fueron su tabla de salvación. Pagó su deuda con las fotos incriminatorias

¿Cómo se explica que la escuela participe de esta estafa? La única explicación posible es que más de uno dentro del campus participe de los beneficios, en forma de bienes económicos, en forma de favores y posiciones de poder para hacer lo que se quiera por el simple hecho de identificar otras colas para pisar. En Chavón La Escuela de Diseño, las instancias se van tapando unas a otras, como el juego infantil de amontonar manos al centro. Si de este silencio también participan los estudiantes, las cosas van de mal en peor.

Un secreto a voces es que el director de Bellas Artes está aliado a una señora de ciudadanía rusa que le paga sumas cuantiosas en dólares por pintar retratos al óleo comisionados por terceros que hacen los encargos creyendo que ella es la autora de las pinturas. El negocio oculto lleva varios años y es la verdadera razón por la que nunca nadie ha visto al profesor pintar en el salón de clase. Pintar en el aula sería poner en evidencia las formas de su arte y arruinar los ingresos asegurados por esta residente adinerada de Casa de Campo. ¿Dónde está el delito? Que estos trabajos se hacen en las instalaciones de la Escuela y que el tiempo que debe invertirse para pensar las clases, las asignaciones, planificar los contenidos, lo emplea para satisfacer ambiciones personales y solventar los costos de sus aventuras íntimas con los estudiantes favoritos de turno. La fama por estas incursiones coitales son conocidas por todos y sobrepasan los límites de la escuela. Al parecer, en todos lados pasan esas cosas pero debo hacer la salvedad de que en otros países distintos al nuestro las consecuencias no se harían esperar. Por ser Chavón una escuela aliada a una universidad norteamericana, todos saben a lo que me refiero. La gravedad del asunto es que los padres confían sus hijos (no siempre bien educados y pocas veces inocentes) a una escuela que no puede garantizar un contexto de seguridad y protección integral. Chavón está invadida por figuras gargamelianas que se aprovechan de las vulnerabilidades del fin de la pubertad por acciones que solo pueden ser resumidas como abuso de poder y coacción emocional.

Eludir las consecuencias es extremadamente fácil si se sabe de antemano la laxitud de los pactos de protección entre rector, vice-rector y director, entre otros. En el caso del director de bellas artes, sus aventuras con estudiantes sobrepasan por cantidad los dedos de una mano en el curso de los últimos cinco años, pero la escuela aún espera encontrar las pruebas mientras que en esta semana publican un memorándum de contenido irrisorio: “Quedan prohibidas las relaciones entre profesores y estudiantes”.

Tenemos que agregar a la lista de apetitos rampantes la llegada de artistas en residencia para los que no existe ningún criterio de aproximación, pero que por todos es sabido que de tanto en tanto visitan como quien asiste a un encuentro de casería estacional buscando las presas fáciles, hormonas bullentes y adultez fingida. La pregunta que surge a partir de todo esto es, cómo lidiar con el doble discurso de una escuela que se llama a sí misma “referente mundial de educación en arte” y al mismo tiempo ve tantas cosas pasar que entorpecen su prestigio. Entre estudiantes y profesores se esperan límites sanos de distancia y respeto que no niegan en lo absoluto la admiración, pero que en última instancia no arruinan la seguridad del espacio dentro y fuera de las aulas.

III.

¿Qué más puede decir que no se sepa? Todo se sabe, pero es bueno que quede por escrito. Lo penoso es que el tiempo que deberíamos ocupar para conversar el valor de las clases, se agote en lo trivial. La realidad es que la escuela de Bellas Artes Chavón podría ser un referente local, regional y global del arte, y hoy no lo es pues no es un referente ni a lo interno de la institución y atrás ha quedado ese sueño de 1983 y el aura de sus primeros años. Los tiempos son otros y la escuela es un total rezago y una irrealidad que a veces roza lo dantesco.

La Galería Chavón está llamada a ser la punta de lanza del arte contemporáneo. Se esperaría que fuese un lugar que sume a Casa de Campo, y al que los amantes del arte deseen peregrinar con la intención de tener una experiencia de consumo estético. No es así. Ese tipo de arte predecible y tan desprovisto de inquietudes, ¿a quién atrae? La contra-bienal posible de la bienal inexistente bien podría estar gestionada desde Chavón. Tienen el espacio, mas no la voluntad ni la iniciativa para proponer en la escena local un diálogo de esa escala. Las galerías de Santo Domingo tendrían que estarse disputando a los egresados de la escuela. La escuela podría perfectamente tener su organismo de archivo y difusión creando publicaciones y editando material audiovisual. Podría aliarse a otras instituciones del país en un esfuerzo por estimular los espacios de creación. Tendría que estar enterada al menos de los últimos debates sobre pedagogía del arte y cada cierto tiempo renovar su estrategia educativa. Pero eso no va a pasar. Antes de Chavón, el director de Bellas Artes era profesor de arte en una escuela preparatoria y su programa Chavón es básicamente una migración de lo que hizo por tantos años en la escuela Lovett de Atlanta, como puede verse en su anuario de 1998 o revisando los resultados de sus clases terriblemente similares a los resultados Bellas Artes Chavón promedio: sinopias, fondos geométricos, colores poco complejos, composiciones algo vulgares y temáticas superficiales. (Los que deseen confirmar esta comparación, sírvanse escribirme para pasarles la info sobre cómo hallarlo en la web).

¿Pero en estas cosas respecto al arte en República Dominicana, quién dentro de Chavón las está pensando? Su director está tan ocupado fabricando los veinte amuletos que va a regalarlas en abril del 2020. El ritual de entrega, que tiene la forma de un acto seudo-mágico coincide en formato con el de las sectas: misticismo, puertas cerradas, secretos, favoritismo, devoción desmedida, y como en tales regalos que no se entregan sin peticiones de lealtad. Querido lector, ¿qué otro regalo podría ser más significativo que una educación transformadora y una relación educativa que respete la integridad del talento particular de cada individuo sin imponer criterios personales o caprichosos? Los estudiantes de arte quieren ser artistas, no modelos de bisutería. Llegado el tiempo de vivir la vida de un artista fuera de la escuela el profesor sabe de sobras que sus estudiantes no tendrán una mercader rusa que les comisione retratos en sinopia para vender a las familias ricas, no tendrán una galerista solventándoles sus caprichos, no tendrán estudiantes ricos pagándoles boletos aéreos. En cambio, tendrán que enfrentarse a la realidad de un país donde desde la administración estatal la norma es cero interés por una gestión cultural ejemplar. ¿Cuántos de sus estudiantes gozarán de sus mismos privilegios? Un trabajo con tres sueldos, una flujo de ventas, renta y vehículo asignado. ¿Piensan sus estudiantes acerca del valor monetario que tiene el monumental record de fotos de cada uno de sus trabajos que religiosamente va realizando el profesor? Si a eso sumamos un grupo de muchachos dispuestos a divertirlo a cambio de prebendas, estamos en realidad ante un tipo particular de magnate. Las historias son tantas y los límites tan poco que ha llegado a tener estudiantes para cocinarle y limpiarle su apartamento a cambio de su sola validación de profesor. Los mismos estudiantes que a diez años de graduados todavía lo consultan para confirmar si sus trabajos son de su agrado. Artistas dependientes sin ninguna identidad, sin voz… eso es insano, ya no solo para la escuela sino para toda la comunidad de artistas del país.

Cómo es posible que jóvenes con tanto talento no puedan durante dos años en Chavón aprender lo esencial: ejercitar su vocación sin que se les infle el ego.  La figura del profesor está abultada por el excesivo paternalismo y por ese extraño ahuecamiento de la voz que en retórica se denomina impostación y cuyo único fin es provocar reacciones emocionales desenfrenadas. Las sesiones de crítica de los trabajos son en realidad el terreno favorito para identificar las vulnerabilidades de sus estudiantes y exponer frente a un grupo de desplazados quienes son los favoritos del profesor, curiosamente en su mayoría hombres. Mientras tanto no manifiesta ningún liderazgo y los logros que tanto esfuerzo costaron, como recuperar el aula de revelado fotográfico, en tan solo dos años ha vuelto a dejarlo abandonar. Justamente los dos años en donde funge como director académico de la escuela y tendría oportunidad de gestión.

IV.

El pasado miércoles 16 de octubre abrió Mestura, una exhibición de arte instalada por el director del programa de Bellas Artes. Fue una actividad que causa la impresión de haber sido armada al vapor sin un claro vínculo con los demás esfuerzos educativos de la escuela. ¿De qué se trata entonces? Mestura, compuesta por siete hombres artistas y ninguna mujer, es una clara referencia del anacronismo de Chavón. Si acaso la selección de artistas no fue realizada por la escuela, al momento de evaluarse la iniciativa, lo menos que pudieron hacer fue proponer una consideración al representativo porcentaje de mujeres artistas egresadas y alumnas vigentes de la escuela.

La exposición “Mestura” se manejó como un evento pro-recaudación de fondos. Aprovechando la coyuntura de que varios exalumnos querían estar en Chavón so pretexto de una residencia artística (de asignación muy discrecional, por cierto) se usaron como trampolín para exponer sus trabajos junto a los de actuales estudiantes de cine a los que de forma premeditada se les recortó la beca a principios de año y se les obliga a pagar cuarenta mil pesos cuatrimestrales por concepto de costos de residencia. Pero Mestura no ha sido exactamente un éxito de ventas para estos estudiantes. Curiosamente de los cuadros vendidos se encuentra uno del favorito de turno del profesor. Puesto a la entrada, es el retrato de un hombre con las manos sobre la frente. Con el semblante de un desesperado, hecho sobre billetes de lotería, se trata de una alegoría al El Grito de Munch. Yo tiendo a pensar que es en realidad una viva analogía frente al estado de la cuestión de Bellas Artes Chavón, un programa que se basta con ser el menos malo en lugar de apostar por ser sencillamente lo mejor.

Concluiré este artículo con una cita del texto de sala para la exposición “Trampa” (2013) que el director de Bellas Artes Chavón coordinó en el CCESD. Creo que es un clarísimo reflejo de lo que ha venido a ser el programa de Bellas Artes Chavón bajo su sola gestión:

“Hay todo tipo de trampa; las que capturan, las que atrapan, las que alteran, las que ocultan, las que esconden, las que confunden, las que desvían, las que disimulan, las que seducen y hasta las que liberan. El escritor estadounidense, John Steinbeck, dijo que “el hombre es el único zorro que instala una trampa, le pone una carnada y luego mete la pata”.

 

 

 

 

 

 

 

 

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