El Hombre en Silencio

El río Chavón, más que comunicar, divide. Muchas veces me vi terriblemente tentado a cruzarlo solo para ver la ciudadela desde la casa de tejados que está sobre la otra orilla. Quizás la imposibilidad de esa hazaña origina tantos textos porque mi insistente deseo de cruzar está en primer lugar motivado por la articulación de los fragmentos de tantas historias.

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-Apariciones

En algún momento a finales de 2016, A. y A. fueron al pueblo para hacer el mercado. De regreso, y como de costumbre, lidiaron con el martirio burocrático para entrar a Casa de Campo y perdieron el autobús. A siempre ha sido buena convenciendo y en esa ocasión hizo creer a A que la mejor opción para regresar era andando a pie y echando suerte interceptando los vehículos hasta lograr que alguno se animara a darles el “ride”. Altos de Chavón está a unos veinticinco minutos en vehículo desde la entrada de Casa de Campo. Ese día fue la primera aparición del hombre, cabellera y bigote gris. Se ofreció a llevarlos en su vehículo. Cuando llegaron a la escuela A. y A. estaban muy animados, tanto que no se aguantaron las ganas de darnos los detalles y yo estoy siempre listos para escuchar historias.

El hombre hablaba con acento argentino y les dijo que por razones personales se limitaría a dejarlos en las cercanías. El era el mismísimo residente de la casa, un ícono viviente de la vanguardia artística latinoamericana, cineasta internacional, artista de obras con gran complejidad semántica, una figura mitad quijotesca mitad warholiana que por azares del destino había venido a vivir entre nosotros. Su nombre se repite en todos los archivos de arte latinoamericano pero no hay ningún libro suyo en la biblioteca de Chavón. En el verano de 2018, varias obras en la exposición Radical Women: Latin American Art 1960-1985 del Museo de Brooklyn citaban  al cineasta detrás de los videos de las obras de nombres grandes como Marta Menujin y Narcisa Hirsch. En contraste, pocos en la escuela saben hoy que Leopoldo Maler fue el primerísimo rector de Chavón La Escuela de Diseño durante los dos primeros años de operaciones.

Algo se interrumpió con la salida de Maler de Altos de Chavón. Pienso que se perdió mucho de la proyección internacional de la escuela y el diálogo con una multiplicidad de regiones culturales distintas a Nueva York. Se perdió además capacidad de diálogo con las vanguardias y profundidad en los contenidos del programa de bellas artes porque esos vínculos representaban el “algo más” que las otras escuelas no ofrecían en el país. Cualquier comprensión que la escuela haga hoy sobre arte contemporáneo parece de momentos diluida e incapaz de someterse a juicios serios, porque la ausencia de Maler significó también pérdidas en la agencia política del arte producido en la escuela, hasta el punto que el arte de Chavón parece no querer ofender a nadie. Son numerosas las historias de estudiantes a los que se les ha impedido mostrar sus trabajos en las exposiciones finales porque sus propuestas artísticas son muy ofensivas para los puritanistas de Casa de Campo. Los motivos de la salida desafortunada de Maler son los secretos mejor guardados por la dirección de la escuela. La insistencia en el silencio sistemático de su historia ha venido a ser la mejor estrategia para evitar razonar juntos sobre las causas y las posibles soluciones de todo el desbarajuste con que por momentos asociamos a Chavón.

 

-1984. Memorándum de la Junta Extraordinaria de los ejecutivos de Altos de Chavón La Escuela de Diseño con el Consejo Directivo de The New School

Del hecho da cuentas el archivo David C. Levy de la biblioteca de The New School Parsons, Nueva York. El memorándum está lleno de giros ágiles del discurso e indicios de la incertidumbre sobre el futuro de la Escuela en Altos a partir de la venta de las acciones en República Dominicana de la Gulf and Western. La G+W era la fuente principal de recursos para todo el proyecto de la escuela por la agencia directa del señor Charles Bluhdorn en su calidad de principal accionista.

La junta tuvo además otras particularidades: era inusual congregar en una misma mesa a los supervisores y a los fideicomisarios de The New School (Parsons). Reunirlos en Altos de Chavón fue un reto que implicó una serie de logísticas y actos protocolares. En la apertura de la mesa no faltó el ensalzamiento del proyecto y las virtudes de la cultura de negocios norteamericana presente “en los países en vía de desarrollo, trayendo trabajo y herramientas para que la población atienda sus necesidades” y otra suerte de afirmaciones tan chocantes para nosotros en 2019.

Se reitera a lo largo de la memoria que el papel de Parsons sería estrictamente como consejero-asesor. Se reconoce que Parsons tuvo mucho que ver con el desarrollo inicial de la Escuela hasta el punto que el proyecto se quería usar como ejemplo de lo que Parsons podía hacer en sus contactos futuros con los otros campus en Paris y Los Ángeles. En otro momento se aventuran a decir que podría recurrirse a otros departamentos de la universidad como la Maestría en Estudios Caribeños y el programa de Administración Urbana en The New School for Social Research para fortalecer los contenidos del programa en Altos de Chavón. Hoy tenemos que lamentar la ausencia de dichos contenidos. Lo que sucedía es que Chavón era evidencia de la filosofía de Parsons en 1984, cito “traer las mejores oportunidades educativas en las artes visuales a jóvenes de distintos trasfondos y regiones geográficas del mundo.” Básicamente el programa de Chavón era una réplica exacta de los dos primeros años universitarios de Parsons NY, salvo pequeñas diferencias marcadas por el contexto insular. El plan inicial era que la transferencia de estudiantes de Chavón funcionara hacia las tres sedes de Parsons: New York, Paris y Los Ángeles.

En un resumen de los avances de Altos de Chavón, se cuenta que la escuela abrió en 1983, con un promedio de 100 estudiantes para los cursos de verano: 38 en diseño gráfico, 16 en interiores, 12 en moda, 12 en ilustración, 12 en artesanía y 12 en Bellas Artes. De los cien, solo 77 lograron inscribirse en el programa de dos años que inició en septiembre del 1983. De estos 77 estudiantes, 50 aspiraban a transferirse a Parsons, pero se esperaba que un máximo de 15 estudiantes finalmente lograran llegar becados  a EEUU, es decir un 20% de los inscritos en ese momento. La esperanza estaba cifrada en que el Consortium de la East Coast Art School ya había ido a Chavón a establecer contactos con sus directivos con miras a lograr otros acuerdos similares a la filiación con Parsons para intercambios académicos múltiples. El consorcio estaba compuesto por la Rhode Island School of Design, Pratt Institute, Philadelphia College of Art y la Cooper Union. Un participante en la mesa indicó que era miembro de dos consejos académicos en Latinoamérica y que esas macro universidades estaban altamente interesadas en sumarse a la iniciativa Parsons-Chavón otorgando nuevas becas.

Dice la memoria de la reunión que “Los estudiantes hacen el esfuerzo de ir a Chavón porque ellos creen en la calidad del programa. (…) ellos están deseando hacer el extra esfuerzo con la finalidad de estar en una escuela que representa un alto estándar de calidad. (…) La conexión con Parsons es muy importante en crear confianza en la excelencia de la escuela a nivel mundial.” Todas estas afirmaciones estamos hoy obligados a someterlas a un profundo análisis: la calidad del programa, la visión internacional de la escuela y la confianza de los estudiantes en la institución. Al menos las nuevas generaciones de estudiantes no tienen una fe ciega respecto a los contenidos que reciben y están más dispuestos a cuestionar la experiencia Chavón contrastando promesas con resultados y el día a día dentro de la institución. Las diferencias entre la Escuela Nacional de Artes Visuales y Altos de Chavón son extremadamente mínimas salvo por el entusiasmo que suscita vivir en un lugar paradisíaco lejos del control familiar; experiencia que además no se obtiene por gratuidad sino a través de endeudamientos de los menos favorecidos.

 

-La participación de Chavón en la Junta Directiva de 1984

El llamado al señor Kaplan lo hace un representante de The New School. El entonces director de Chavón abre su participación hablando de la evolución de la escuela diciendo que fue el sueño de Charles Bluhdorn, quien quería hacer “algo dramático para las personas de República Dominicana, y el sintió que una villa de arte, poblada de artistas, diseñadores y estudiantes, sería enormemente enriquecedor y estimulante.” En un párrafo algo extenso continúa agregando que “Chavón aloja a una corriente de artistas de todas partes del mundo mediante un panel de selección en NY. En la residencia está un artista griego, un artista mexicano, un pintor de Vermont y un ceramista de Nueva Inglaterra.” Esta descripción de una aldea de artistas se asemeja peligrosamente al Pratofungo que Italo Calvino describe en su novela el Vizconde Demediado. Una aldea de artistas que en la novela están narcotizados y desconectados completamente de la realidad. Calvino critica en su ficción esa visión del arte y la vida del artista separados de cualquier agencia transformadora en la sociedad en la que se encuentran.

Cuando le preguntaron a Chavón sobre los recursos de los estudiantes, el representante de la escuela dijo que “ellos reclutan en todo el país, a veces encontrando una cantera de talento en pequeños pueblos polvorientos.” Ese tren de pensamiento tan incómodo fue interrumpido por los presentes para hacer preguntas concretas sobre temas del presupuesto en vista de la inminente amenaza de la venta de acciones de la Gulf and Western y lo que esto representaba para el futuro de la escuela. Entonces David C. Levy, quien creía firmemente en el potencial de la Escuela Chavón, intercede describiendo los planes preliminares para levantar fondos, haciendo notar que se necesitaba crear una campaña y un programa claro para proveer estabilidad financiera a los estudiantes y a la escuela. De inmediato el contra-ataque vino del otro lado de la mesa enfatizando nuevamente que la responsabilidad de Parsons era solo aconsejar y que la preocupación mayor al momento era el estándar educativo y artístico de la nueva escuela, sin descartar la posibilidad de una asesoría para el levantamiento de fondos a corto y mediano plazo.

El diálogo de la mesa resumido en el memorándum sería la delicia de un analista de retórica. Las intervenciones de los representantes de Parsons eran alabanzas al desempeño de su participación en el proyecto, pero con la intervención de Chavón el pathos del discurso giró hacia lo ligeramente patético y asistencialista: “Charles Bluhdorn no quería que Chavón fuese un enclave de élites. El quería que los niños y otros locales se sintieran en la libertad de venir y trabajar aquí, algo que ha sido posible por el servicio de autobuses. Hay clases para niños en Chavón. El taller de cerámica provee becas para los residentes locales, mientras que los talleres de tejido y serigrafía enseñan en programas de dos años a personas que no tienen una preparación oficial de bachillerato. (…) El museo es también una herramienta de enseñanza.” El representante de Chavón dijo además que “se eligió a Parsons porque era la institución que mejor había entendido la naturaleza de la misión de Charles Bluhdorn. Y que el contacto con Parsons era importante porque ayudaba a crear estándares internacionales más que locales.” Sabemos que esta no es la realidad hoy y que la escuela tiene poquísima incidencia en las comunidades pocos favorecidas de La Romana. Justo al momento en que escribo esta entrada, el Museo Arqueológico Chavón publica en su cuenta de redes sociales un anuncio promoviendo el museo como un lugar en alquiler para la celebración de cumpleaños.

A la luz de todas las declaraciones del memorándum  podemos realizar dos afirmaciones breves sobre la Escuela Chavón en 1984: a) la intención primera de la escuela era ser un referente mundial en la enseñanza de arte y diseño, b) Para entonces la escuela no estaba severamente condicionada por el proyecto Casa de Campo. Hoy están los controles de seguridad llenos de absurdos y la total asfixia financiera de las rentas. A lo interno de la escuela en el campus Chavón La Romana está la paranoia persecutoria, la sensación panóptica de la residencia, la necesidad de esconder y esconderse detrás de las piedras y la vegetación, como si la vida de los estudiantes fuese una visión incómoda de la realidad para los residentes de Casa de Campo que pagan para vivir en una fantasía social. La Escuela ha fallado en afirmar y posicionarse como un factor distintivo que incrementa el valor cultural y económico del proyecto turístico. Han sucumbido a los esfuerzos de control y ocultamiento alimentando una agencia interna de informantes y unas políticas de supervisión que son clarísimas desde el primer día de inscripción en el campus La Romana. Los asistentes de residencia (los AR) son una especie de policía interna. Pero las leyes en la escuela se aplican de formas discrecionales y las más de las veces, las rompen los mismos que las crean o  quienes son encargados con la misión de hacerlas cumplir. El mayor temor de Chavón es el escándalo y bajo esa lógica, una operación que ha sido consistente es el ocultamiento de hechos engorrosos a lo interno de la escuela donde han tenido participación sus profesores y directores.

La reunión celebrada el 25 de febrero de 1984 contó con la presencia de Lesley Cadman, Jonathan Fanton, Tom Heinegg, Harry Henshel, Dorothy Hirshon, Oscar Kolin, David Levy, Vera List, Zachary Morfogen, Ruth Siegel, Isla Wolf representando a The New School. Y de parte de Chavón, Stephen Kaplan y Leopoldo Maler. En ese momento, Stephen Kaplan fungía como director de artes y educación de Altos de Chavón, y Leopoldo Maler como rector general de la escuela.

 

Pero Leopoldo no dijo nada.

Leopoldo no habló en la Junta de 1984.

Leopoldo es el artista del silencio.

 

-Acción Performática #21  Romper el Silencio de Leopoldo

Todos los estudiantes de Bellas Artes y Cine visitan un buen día la casa del artista y cineasta Leopoldo Maler en Casa de Campo. Mientras ven su colección de obras de arte conceptual le hacen preguntas sobre sus dos años como rector de la Escuela Chavón. Le preguntan qué fue lo que pasó. Lo hacen romper su silencio de treinta y cuatro años. Al final de la visita, toman juntos el mate y hacen fotos de Altos de Chavón desde el otro lado del río.

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Hasta aquí el reporte del archivo David C. Levy. En las próximas entregas queremos ir revisando muchos materiales nuevos como las curiosas similitudes del programa de Bellas Artes Chavón con asignaturas de tercero y cuarto de bachillerato en una escuela secundaria de Atlanta (Georgia) a finales de los noventas, el discurso de graduación de la promoción de 2012, el fracaso del proyecto EPIC Chavón en 2016 y la retórica de promoción del programa de bellas artes en un programa de radio en 2018.

 

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Referencia Bibliográfica
Affiliate Schools: Altos de Chavon, 1981-1984, [1981], David C. Levy records, PC.01.04.01, box 3, folder 21, New School Archives and Special Collections, The New School, New York, New York
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